Opinión

Quo Vadis Argentina? Algunas reflexiones acerca de la teoría del “destino sellado”  (*). Por Mariella Franz

En una publicación que recomiendo por ser bastante atinada, se entiende su mensaje principal leyendo su titulo “Argentina. País emergente a lo largo” de Peter Waldmann, sociólogo alemán.

¿Será que tiene razón el sociólogo, abogado y experto académico internacional para la historia socio-política de la Argentina?

Su tesis que habla a favor de un estancamiento de desarrollo en Argentina desde hace tiempo, se fundamenta en 4 características mentales en la sociedad que hacen perderse los puntos de inflexión o momentos de cambio posibles:

1) Problemas de identidad (y como su resultado una falta de unidad y de confianza), 2) el Estado como objeto de explotación, 3) un individualismo pronunciado y en contra de las normas 4) la ausencia de una estrategia nacional de desarrollo.

Waldmann elaboró su habilitación en sociología sobre el peronismo entre 1943 y 1955 (publicado en 1974). Estuvo varias veces en la Argentina. Estudió en detalle el fenómeno del peronismo como la Argentina en general desde su perspectiva de ciencias sociales, jurídicas y sociológicas. Como el libro citado lo terminó en 2010, hay que subrayar que incluyó algunos años y experiencias del Kirchnerismo, pero lamentablemente no llegó a considerar el punto de inflexión más reciente en la historia, los nuevos y en parte contrarios impulsos de Cambiemos para la cultura y el sistema políticos. Ciertamente me hubiese encantado conocer su interpretación sobre este supuesto cambio.

Por la participación en el T20 y las discusiones muy valerosas que se produjeron allí, se confirmó para mi revisar nuestra visión para el futuro: un nuevo orden global, la transformación tecnológica y la industria 4.0 con todos los cambios que significan para el futuro del trabajo son desafíos decisivos para la formación y educación del ser humano y su convivencia. Allí es dónde la Argentina, importante país emergente de Suramérica, puede invertir para ajustar el futuro, ser inteligentes en cómo entender los signos de los cambios que se vienen indudablemente. El argentino tiene una gran virtud, es abierto de mente (una ventaja de una sociedad de inmigración) y flexible, y todavía tiene mucha gente joven que construye el futuro. Por lo general se adapta el argentino mucho más fácilmente que un germánico que piensa y vive en estructuras mucho más firmes y sustentables. ¿Por qué no, en un mundo competitivo y, si uno le cree a Samuel Huntington en su libro “the clash of civilizations”, cada vez más conflictivo entre las civilizaciones, aprovechar de estas virtudes y pensar juntos profundamente en cómo adaptarnos a este futuro venidero?

Qué tiene que ver este temario con el libro citado al inicio? Los argentinos, y principalmente sus líderes y tomadores de decisiones, deberían a mi modo de ver tratar de superar las características que – si estamos de acuerdo con Waldmann – les definen. Con cambios permitidos y una modernización deseada, sabiendo cómo no dejar pasar los posibles puntos de inflexión en contra del estancamiento cultural, político, económico y social. Pero no lo hagamos a cualquier precio, el fundamento de valores básicos es la “casa común”. La vida, la dignidad humana, la familia y la educación y preparación del niño que comienza en la cuna y la casa, y no en los colegios, estos valores deberían servirnos como faros en un mar inquietante e incierto. En las casas empiezan a crecer y mirar el mundo los líderes de mañana, los que puedan llevar en adelante cambios en pos del bien común. Lamentablemente, hay muchos grupos de interés que no tienen ningún interés en cambiar nada, algunos con el objetivo de mantener su influencia, su poder o negocio. Están atrapados en viejas historias, incapaz de superar los conflictos de ayer, manteniendo la grieta. Y lo peor de todo: se aferran de muchos otros, y no los liberan para la auto-reflexión, manteniendo el status quo. ¿El cambio es doloroso? Si, puede serlo. Pero no hay que temer el cambio, un cambio tiene mucho potencial para superar los problemas de siempre. Cualquier cambio es para mejor, depende de la perspectiva y qué hace cada uno/la sociedad / el estado/ el liderazgo del cambio.

“Roban, pero hacen” me hace ruido todavía después de casi 9 años que llevo viviendo por acá. Haganse libres, libres de verdad con educación y capacitación, con criterio y una mente crítica, siempre, por quien y que sea. La sociedad civil es tan organizada, pero luego fallan muchos esfuerzos por ser distraídos, politizados e usados. ¿Cuál es el bien común que les une? El desafío más grande en este camino es sin dudas la creciente heterogeneidad de la sociedad argentina, la desigualdad y la pobreza. ¿Si el 50% de los niños argentinos son pobres, en qué consiste el futuro del país? No se contenten con ninguna etiqueta, tampoco la de ser “emergentes para siempre”, y nunca poder sacar en adelante todo su potencial. Todo es posible, si uno quiere y pone el máximo esfuerzo que pueda.

Más allá de la pobreza, el clientelismo y la corrupción hay temas sistémicos en la Argentina que llevan décadas, ni hablar de la tan devastadora problemática de inflación. Graves problemas necesitan graves soluciones, nada se gana con cero esfuerzos. Y todo y mucho está en la primera infancia, en el bienestar familiar como pilar de todas nuestras sociedades. Siento que en Europa estamos peor, pero se trata en ambos hemisferios de reganar el significado de valores que nos alimentan y dan apoyo. Podemos colaborar más estrechamente y darnos apoyo mutuo en este camino. La Integración regional con Europa podría ser el fundamento del futuro. En este sentido me gustaría resaltar el significado de un Tratado Mercosur-UE. Aquí no solamente se trataría de un tratado de libre comercio, sino también de un punto de inflexión posible, un hito histórico. Por medio del comercio internacional y el intercambio económico profundizado se establecen relaciones internacionales que puedan ser anclas para un futuro mejor y de desarrollo para los pueblos. Si permite tal tratado el refuerzo de los vínculos políticos, económicos, sociales y culturales entre nuestras dos regiones, habría lo suficiente para aprender del lado europeo también. La democracia está actualmente en peligro, en la “Casa Europea”. Como fundación política estamos llamados más que nunca para desempeñar nuestros esfuerzos en la educación de democracia en nuestra misma casa europea.

Un mejor futuro empieza por la comunidad de valores, la educación y el desarrollo económico que contribuye a la cohesión social. La persona individual con sus dones y falencias debe estar en el centro de nuestras consideraciones. La igualdad de oportunidades es decisiva, y poder darle a cada niño la educación y formación que necesite, y no darles la misma educación a todos.

Volvamos a nuestro inicio, el libro de Peter Waldmann. Los argentinos deciden sobre su destino. ¿Quieren ser un país emergente a lo largo, permanente y para siempre o bien tenemos – también y sobre todo en este siglo 21 – potencial para más?

Un momento muy crítico en este camino serán ciertamente las elecciones del próximo año 2019. ¿Continuarán con el camino del cambio a pesar de todos los traspiés, los ajustes financieros y la recesión económica? ¿Saldrán nuevas alternativas para el cambio? Yo les deseo de corazón que no sea una elección del “mal menor” para cada uno, sino una de convicciones personales y de adherencia voluntaria y de libre consciencia a un proyecto de futuro, su futuro. Que se decidan mayoritariamente por el proyecto de futuro que les llueve más allá del “status quo” y que pueda finalmente entregarles el camino que se merecen: superar la línea de “emergente”!

Publicado en “Reflexiones Políticas VIII”. Diciembre de 2018

2019-07-12T11:04:37+00:00 01/12/2018|Categories: 2018, Opinión|