Opinión

La Continuidad como Política Exterior. Por Diego Guelar

En los países con bi o multipartidismo, cada administración genera su propio relato. En las frecuentes elecciones presidenciales o legislativas, se tiende a plantear un claro-oscuro entre las diferentes propuestas que pueden sintetizarse en la consigna de ‘‘Continuidad o Cambio’’ (conforme un partido o frente busque su reelección y otro pretenda sucederlo).

Se plantea así el desafío de cómo conciliar ‘‘el péndulo electoral’’ con la imprescindible necesidad de continuidad de ‘‘Política de Estado’’ tanto en el dominio local como el internacional. La experiencia argentina es harto elocuente en esta materia. Nosotros no hemos podido encontrar, en términos generales, los denominadores comunes para estabilizar parámetros de conductas estables a lo largo del tiempo.

Nuestra ‘‘pendularidad’’ nos ha llevado a tener, regularmente, una crisis mayor cada diez años desde 1945. Así ocurrió en 1955, 1966, 1976, 1981, 1989, 2001, 2008, y 2018. En cada uno de esos ciclos parecía-según la versión del gobierno de turno-que se superaban los problemas heredados (pese a lo ‘‘pesado de la herencia’’), pero la realidad fue que, después de agotado el decanato, volvíamos a retroceder hasta un punto de desarrollo inferior al anterior.

Este estado de ‘‘retroceso permanente’’ lleva ya 70 años.

Estas inconstancias y cambios de rumbo permanentes han causado daños profundos al tramado político, social y económico argentino con una patológica reiteración de defaults financieros, alta inflación y tasa de interés, con su secuela de quiebras empresarias, desempleo, fuga de capitales y caída constante del nivel de vida de la mayoría de la población.

En la propia experiencia argentina, es a través de la ‘‘excepcionalidad’’ de algunas políticas externas, la que jerarquiza el valor de la ‘‘continuidad’’ como un elemento central a ser rescatado y, quizás, algún día, a ser generalizado a través del imprescindible ‘‘Acuerdo de Unidad Nacional’’ que debe contar con cinco capítulos

  1. Eliminación de déficit primario
  2. Política exportadora
  3. Política fiscal
  4. Independencia del poder judicial
  5. Política Exterior

Si miramos a este último punto-Política Exterior-encontraremos los únicos ejemplos de ‘‘éxitos’’ acumulados a lo largo de varias décadas.

  • Política de Malvinas y Atlántico Sur:

Pese a haber sido derrotado dos veces militarmente por el Reino Unido-en 1833 y 1982-, una conducta diplomática consistente durante 186 años nos ha permitido gozar de una mayoría de los miembros de las Naciones Unidas respaldando la posición argentina.

  • El tratado Antártico:

Una presencia argentina continua desde 1904 y el impulso sostenido a la preservación del continente antártico, nos llevó a ser uno de los 12 firmantes originarios del tratado en 1959 y tener en Buenos Aires la Secretaría Permanente del mismo. Haber transformado nuestra ‘‘Pretensión Soberana’’ en un elemento fundacional del eje preservador del medio ambiente antártico ha logrado que el sistema funcione-con solo turismo y misiones científicas reguladas-a diferencia de la situación en el Ártico que se caracteriza por graves conflictos y permanente deterioro medioambiental.

  • La integración regional:

Desde los acuerdos Alfonsín-Sarney en 1985, logramos superar las tensiones belicistas entre Argentina y Brasil. Con la incorporación de Paraguay y Uruguay, consolidamos el eje integrador. La posterior asociación de Chile al sistema permitió alcanzar la proyección Pacífica y Atlántica de la región. Sudamérica se constituyó, oficialmente, como ‘‘Zona de Paz’’ (Protocolo de Ushuaia, 1998) al quedar eliminado el riesgo de la producción de armamento nuclear, porque los dos países de la región que tenemos programas nucleares altamente desarrollados, firmamos el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) en Viena (Argentina en 1995 y Brasil en 1998), y constituimos la agencia argentino-brasilera de contabilidad y control de Materias Nucleares (ABACC) en 1991 para controlar recíprocamente nuestros programas nucleares, generando un ejemplo para otros conflictos regionales como el de India-Pakistán y el de las dos Coreas.

Recordemos también que los ciudadanos latinoamericanos-desde México a Argentina-pueden trasladarse dentro de la región sin requerimiento de utilización de pasaporte (con solo la portación de su DNI).

En el caso particular de Argentina, hemos construimos una sólida tradición de bienvenida a nuestros hermanos chilenos, peruanos, bolivianos, paraguayos y uruguayos que no fue alterada ni en los momentos de mayor crisis económica y social.

El Mercosur ha logrado, con 25 años de gestión durante seis administraciones de diferente color político, cerrar la negociación de los acuerdos de libre comercio con la Unión Europea (UE) y la Asociación de Libre Comercio Europea (EFTA) abarcando a todos los países del Continente Europeo en el año 2019. Queda por delante firmar acuerdos similares con los Estados Unidos, China, Japón y Rusia, así como con la Asociación del Sureste Asiático (ASEAN).

Las resistencias en avanzar con los acuerdos de libre comercio globales es la mayor expresión de los conflictos internos en la política exterior argentina. La ‘‘economía cerrada’’ permite el desarrollo de ‘‘Cotos de Caza’’ para un grupo de empresas que controlan el mercado interno y, a través de la política cambiaria y la inflación, mantienen altos márgenes de rentabilidad pese al achicamiento del mercado interno.

  • La exportación de comodities de la agricultura, la ganadería, la pesca y la minería:

En el 2019, alcanzamos una cosecha record de 145 millones de toneladas de granos y hemos logrado un extraordinario crecimiento de las exportaciones de merluza y mariscos así como la consolidación de las exportaciones de oro, cobre y litio.

Las exportaciones de carnes-bovinas, aviares y porcinas-chocan con las limitaciones de nuestro stock ganadero actual (Ej.: El 77% de las exportaciones bovinas totales se destinan a China y, en el caso de porcinos, el 20% de lo que consumimos localmente proviene de Brasil.).

Vinos, lácteo, aceitunas, aceite de oliva, así como frutas y hortalizas tienen un gran campo de desarrollo en la comercialización externa, especialmente en los mercados del Asia Pacífico.

Si bien tenemos una larga tradición exportadora y un gran reconocimiento a la eficiencia productiva y a la calidad de nuestros productos, las retenciones a la exportación, la falta de créditos (o las tasas siderales), y los costos de transporte interno atentan contra la posibilidad de consolidar los más de 110 mercados que tenemos abiertos.

Nuestro problema central no es el acceso a los mercados sino la falta de producción (especialmente de producto con valor agregado).

Somos líderes en porotos, aceite y harina de soja, en miel y limones y tenemos la posibilidad de serlo en numerosas frutas y hortalizas. Hoy estaríamos en condiciones de quintuplicar nuestras producciones primarias y tendríamos asegurada su colocación sólo considerando los mercados asiáticos abiertos (China, India, Japón, Vietnam, Indonesia).

  • Tecnología espacial:

La CONAE (Comisión Nacional de Asuntos Espaciales) vino realizando una intensa tarea de cooperación con la NASA norteamericana y las agencias aeroespaciales de Japón, Canadá, China, Rusia y la Unión Europea. Tenemos cinco satélites argentinos orbitando (lanzado desde Cabo Cañaveral y Guyana) y gozamos de un alto reconocimiento internacional.

En Argentina, existe además una de las cuatro empresas privadas de producción de satélites-Satellogic-que ha contratado el lanzamiento de 90 satélites con el gobierno central chino y el monitoreo satelital de la Provincia de Hunan.

  • Tecnología nuclear:

Argentina ha producido reactores nucleares y los ha colocado en distintos países del mundo y cuenta con tres plantas de energía nuclear produciendo electricidad en el país.

  • Software:

Argentina es el mayor productor de software de América Latina y cuenta con más de 4.500 empresas funcionando. Sus exportaciones superan al tradicional rubro cárnico.

  • Gas y Petróleo:

Contamos con una de las mayores reservas de shale gas y shale oil con epicentro en el yacimiento de Vaca Muerta, Provincia de Neuquén. En el 2019 recuperamos la capacidad exportadora que habíamos perdido una década atrás.

  • Genética animal y vegetal:

Contamos con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y con empresas de alto reconocimiento internacional como Biogenesis-Bagó (vacunas) o Bioceres y Don Mario (genética vegetal).

Este sucinto cuadro de nuestras actividades vinculadas al exterior han podido subsistir  y crecer a la luz de políticas que, en más o en menos, tuvieron estabilidad y continuidad más allá de los vaivenes de las políticas partidarias y sus tendencias a disputar ideológicamente desde un planteo de ‘‘dos Argentinas’’: una, ‘‘nacional, popular y proteccionista’’; la otra, ‘‘liberal y vinculada al mundo’’.

Todas las naciones consolidadas tienen fuerzas centrífugas y centrípetas que las proyectan hacia el exterior o las recluyen fronteras adentro. Esto es parte de un debate histórico irrenunciable.

Pero en determinado momento maduran y ‘‘ordenan los planetas’’ generando acuerdos básicos que les permiten estabilizar sus instituciones y ciertas premisas sobre las cuales construir el presente y el futuro.

En la transición entre el subdesarrollo y el desarrollo, muchas oponen el crecimiento del sector exportador al mercado interno y se pronuncian por un supuesto ‘‘proteccionismo’’ que los pondría, eventualmente, en condiciones futuras de competir con los países más desarrollados.

Este ‘‘relato’’, según las más empíricas verificaciones, es sólo un argumento que protege intereses particulares de un grupo de empresas que pretenden mantener el control del suministro local ad-eternum.

Entre estas últimas naciones, se encuentra Argentina.

Sólo un 20% de las Naciones alcanzaron el estadio de comprensión sobre los beneficios de la integración a las cadenas de valor globales.

Nosotros no somos, todavía, una de ellas.

Publicado en “Reflexiones Políticas IX”. Noviembre de 2019

2019-11-14T15:43:21+00:00 07/11/2019|Categories: Opinión|