Opinión

Entre Ríos necesita un plan operativo e innovador pensado a 30 años. Por Joaquín La Madrid

El documento de la declaración final del “G20 Argentina 2018” se concentra en algunos pilares de trabajo para todas las naciones del mundo, entre ellos: el acceso a la educación, no sólo en tanto derecho humano sino como “área estratégica de políticas públicas para el desarrollo de sociedades más inclusivas, prosperas y pacíficas” y la infraestructura para el desarrollo.

Hago pie fundamentalmente en estos puntos dado que considero que lo expresado al respecto en la Cumbre de Presidentes marca el rumbo que debería tomar Entre Ríos en pro de su progreso y competitividad: El acuerdo resalta que está en manos de la educación preparar a “nuestros ciudadanos para que puedan aprovechar los beneficios de las innovaciones tecnológicas y sociales” y, por otra parte, que la infraestructura es un “motor clave para la prosperidad económica, el desarrollo sostenible y el crecimiento inclusivo”.

En cuanto a la educación expresa: “(…) promovemos la coordinación entre políticas de empleo y educación de calidad que sean equitativas, de modo que podamos elaborar estrategias integrales que promuevan competencias claves (…) con una perspectiva de aprendizaje para toda la vida”. Y, en cuanto a la infraestructura afirma: “A fin de abordar la persistente brecha de financiamiento en infraestructura, reafirmamos nuestro compromiso de atraer capitales privados para la inversión en infraestructura”.

¿Por qué subrayar el aspecto educativo? Porque si nos paramos en la lógica más evolucionada del mismo: el “aprender a aprender”, estaremos brindando a los entrerrianos competencias básicas, de gran influencia en todas las demás, que los preparará para ser parte de una sociedad adulta.

Este aspecto nos habla de la capacidad que debemos fomentar en los entrerrianos para persistir y organizar el propio aprendizaje, lo que conlleva a la idea de mejora continua, es decir, estar en procesos de formación no solamente durante la infancia y la juventud, sino también en la edad adulta. Así será posible:

  • Saber identificar las oportunidades disponibles.
  • Adquirir el compromiso de construir y contribuir al conocimiento.
  • Utilizar las habilidades y los recursos propios en una variedad de contextos.
  • Potenciar la motivación y la confianza.
  • Tomar conciencia del esfuerzo que requiere alcanzar metas comunes.
  • Ser parte de la solución y no del problema.

¿Por qué subrayar la infraestructura como elemento estratégico? Porque es la respuesta a las expectativas de los entrerrianos que desean vivir en un Estado que les de oportunidades de crecimiento, les provea estabilidad, certidumbre y dignidad; y además, porque si se logra el armado de un Plan Provincial de Infraestructura multisectorial, evolutivo y de largo alcance habremos terminado con las políticas cortoplacistas que sólo buscan llevar agua para el molino de funcionarios que miran más el pago chico y no la provincia de manera integral.

Tenemos que tomar conciencia de que desarrollar una política pública clara que defina y comunique las razones, objetivos, sectores clave y tipos de proyectos de inversión en infraestructura que se llevarán adelante nos torna previsibles y nos hace confiables interna y externamente.

Teniendo en cuenta estos dos aspectos, considero que la provincia debe desarrollarse de forma sistémica e integral.

Una provincia de vanguardia

Entre Ríos necesita un movimiento vanguardista en el campo político; una estrategia que siente las bases del desarrollo futuro. La provincia requiere un cambio rupturista de formas y contenidos; estoy hablando de gestar y gestionar una nueva plataforma; de analizar lo existente para tomar sólo lo que nos catapulte y descartar, sin nostalgia, lo vetusto y perpetuador de políticas (y políticos) anquilosadas que impiden el crecimiento. Seguramente lo que propongo generará rechazo y resistencia por parte de los círculos tradicionalistas y acostumbrados a “lo malo conocido”. No obstante, sé que, con el paso del tiempo, una política que hoy se considere “diferente” puede convertirse en el próximo sistema imperante que lleve a la provincia al desarrollo.

Es hora de que Entre Ríos apueste a la innovación y sus dirigentes seamos lo suficientemente creativos para fijar metas de largo plazo, que permitan definir un horizonte de progreso sustentable, proyectado a las próximas generaciones de entrerrianos.

Vale mencionar a modo de ejemplo algunas de las políticas pasibles de ser instrumentadas:

  • Promover el acceso a los servicios de infraestructura en el ámbito urbano y rural, lo que tendrá un impacto directo en la reducción de la pobreza, que tiene que representarnos a todos, sin excepción, un objetivo común.
  • Promover el acceso a las tecnologías de la información.
  • Promover el acceso a la red de caminos rurales para incrementar la productividad de la región y expandir las oportunidades de ingreso y permanencia en los mercados.
  • Apoyar la infraestructura para la integración regional y global ya que eso representa dar participación a Entre Ríos en el comercio mundial.
  • Fomentar mecanismos de financiación principalmente mediante la participación del sector privado.
  • Adoptar e incentivar una agenda multisectorial: La organización de las administraciones públicas de la provincia ha generado un modelo de provisión de infraestructura fraccionado, en el cual los sectores no incorporan los impactos (positivos y negativos) de un proyecto sobre los demás sectores. Ante esto, la estrategia planteada en este artículo reconoce la necesidad de expandir enfoques multisectoriales que permitan aprovechar sus sinergias. Entre Ríos habrá de trabajar conjuntamente con el Gobierno Nacional y el resto de las provincias (y en coordinación con sus Municipios) para implementar proyectos multisectoriales, lo cual requerirá modificar la actual cultura atomizada, prevaleciente en la administración pública.
  • Apoyar la construcción y mantenimiento de una infraestructura ambiental y socialmente sostenible: propongo incluir los componentes críticos de la sostenibilidad ambiental (adaptación y mitigación al cambio climático, reducción de riesgos de desastres naturales y conservación de la biodiversidad) desde el inicio mismo de los proyectos que se pongan en marcha.
  • Diseñar y gestionar la infraestructura para potenciar sus impactos positivos en la inclusión.

Relación con los entrerrianos

En este sentido, las líneas de gestión tienen que estar orientadas, todas, a satisfacer las demandas expresadas por los vecinos de cada rincón de la provincia, desde las más “básicas” –muchas de ellas aún insatisfechas- hasta las denominadas “accesorias” (que en el contexto de un mundo que avanza a pasos agigantados deberían dejar de ser auxiliares para constituirse en nuevos derechos). Para esto el Estado debe proveer los medios de “escucha” de los ciudadanos y de viabilización efectiva de las respuestas.

Sociedad y economía.

Los próximos Gobiernos de la provincia habrán de analizar, por otra parte, las nuevas condiciones que implican la relación entre sociedad y economía. En este contexto, habrá que reconocer el rol fundamental que les cabe a las ciudades entrerrianas, que tendrán que asumir un papel protagónico: Los municipios deberán ser la primera línea de acción para la implantación de una economía con características activas, y las empresas, la segunda (aunque no por ello, menos importante). Hay que repensar y diseñar una nueva hoja de ruta en la que seamos creadores de riqueza y empleo, se oriente la educación y la producción, se optimice el uso de los recursos, se reduzca la generación de residuos, se cuide el consumo de energía y se obtengan beneficios ambientales.

Promoción de la ciencia y la tecnología. Innovar para crecer

Sin dudas Entre Ríos tendrá que darse un debate acerca del lugar que le dará a la ciencia y a la tecnología. La promoción de la innovación en el sector productivo tiene que empezar a ser un eje central de gobierno. ¿O acaso no es el camino para el agregado de valor, la generación de puestos de trabajo y alcanzar competitividad?

Si la provincia quiere estar a la altura de los tiempos, habrá de dedicar parte de su presupuesto al financiamiento de proyectos y trabajos que abarcan todos los eslabones de la innovación y la modernización tecnológica. Serán, así, la ciencia y la tecnología las que, cual usinas de ideas, brindarán soluciones innovadoras a muchos de nuestros problemas y traducirán nuestras debilidades en oportunidades. Esta mirada estratégica impactará, sin dudas, en cadenas productivas relevantes para el crecimiento económico de nuestra provincia. La generación de conocimientos, tecnologías e innovaciones asociadas al ejercicio de los derechos básicos y a la mejora integral de la calidad de vida de la nuestra población es sustancial, y requiere que los gobernantes nos decidamos a enfocar en este sentido los esfuerzos y los recursos financieros, humanos y de gestión. Una vez más, será fundamental el diálogo constante de los actores involucrados: sector público y privado, de los ámbitos local, nacional e internacional.

Atender y dar lugar a la ciencia y a la tecnología implica la creación de nuevos espacios y puestos de trabajo, la adquisición de equipamiento y su ordenamiento para una utilización procedente y oportuna; pero también la normalización y puesta en disponibilidad de datos y el acceso abierto a la producción científica y tecnológica mundial (democratización real del conocimiento, puerta de la inclusión). En síntesis, Entre Ríos tendrá que procurar las condiciones adecuadas para el trabajo de investigadores y becarios que se desvelarán por dar respuesta a demandas sociales y productivas, produciendo bienes y brindando servicios de primera calidad. ¿Podrá la provincia pensar la creación de un Polo Científico Tecnológico que se posicione como un centro de gestión, producción, divulgación del conocimiento y planificación estratégica? ¿Querrá Entre Ríos abrir sus puertas y ser parte de las revoluciones de la E-Ciencia, permitiendo el intercambio y la colaboración de miles de científicos de todo el mundo en pro de nuestra evolución económica, social, cultural, etc.?

El rol de la Infraestructura

El proceso de planeamiento operativo que siente las nuevas bases de la provincia no debe limitarse a la identificación de temas y proclamas de acción, sino que además tiene que generar las condiciones para su implementación concreta a través de instrumentos existentes y probados (de éxito) y otros diferentes, creados a partir de la consideración de las agendas emergentes.

Estamos frente a la necesidad imperiosa de establecer qué provincia queremos para los próximos 30 años y, en base a eso, gestar un plan que se actualice de forma permanente y siempre este trabajando con vista de futuro.

¿Por qué a 30 años? Porque la sustentabilidad nos la tiene que proveer el hecho de ser una provincia previsible, largoplacista, que trabaje sistemáticamente con el horizonte de los 30 años. Es decir, es menester concebir un Plan que no pare, que esté vivo.

Así el ciclo económico de la inversión que realice la provincia habrá de contemplar compromisos de capital a un plazo prolongado, lo que resulta necesario para producir rendimientos y, además, es un tiempo razonable de maduración de todo proyecto de infraestructura.

Desde el punto de vista de los ciudadanos, la infraestructura es la concreción de sus deseos básicos: La gente quiere vivir en un lugar donde la electricidad no falle, donde se pueda beber agua del grifo, donde sus hogares y las calles no se inunden; quiere trasladarse al trabajo o a la escuela en tiempos razonables y sin correr peligro; y quiere tener fácil acceso a parques y ríos libres de contaminación. Entonces, lo que está claro es que Entre Ríos debe abandonar las políticas espasmódicas y armar un plan con competitividad sistémica. Sólo así se gestionará de modo ordenado y eficiente.

La infraestructura se planifica, se construye y se mantiene para apoyar la prestación de servicios de calidad adecuada que promuevan un crecimiento sostenible. La infraestructura es una de las caras de la competitividad, del desarrollo, del impulso económico y de la integración; y a su vez, y en forma creciente, la infraestructura es equivalente a calidad de vida, democracia, equidad e inclusión social.

La provincia requiere con urgencia el desarrollo de un plan permanente y un programa de inversión, que sume a todas las fuerzas políticas y a los distintos actores sociales congregados por acuerdos, en función de resolver las obras de infraestructura necesarias para el funcionamiento de la sociedad y la economía entrerriana, siempre teniendo en cuenta ser amigables con el ambiente. Entre otras habrá que incluir en el Plan:

  • Infraestructuras de transporte y logística.
  • Infraestructuras de eficiencia energética (concentrados en que sean fundamentalmente renovables).
  • Infraestructuras hidráulicas.
  • Infraestructuras de telecomunicaciones.
  • Infraestructuras de vivienda, salud, educación, recreación, seguridad.
  • Infraestructura económica

Es hora de trabajar considerando valores de distinto tenor, como el crecimiento demográfico, la concentración y distribución poblacional, el campo como factor de desarrollo, las inundaciones (que nos seguirán asolando porque son fenómenos naturales inherentes de nuestro territorio y al cambio climático) y el modo de prevención y mitigación de sus consecuencias, el financiamiento provincial. Es momento de priorizar (sectorial y geográficamente) la inversión en infraestructura y focalizar esfuerzos en los proyectos priorizados.

Toda vez que una provincia se propone planificar, y lo hace, gana en productividad y provee dignidad a sus habitantes. Se torna un Estado serio y responsable.
Para dar cuerpo y llevar adelante la organización y proyección del Plan provincial de infraestructura propongo la creación de un “Consejo provincial”, como estructura organizativa que reúna al sector público y al privado y que contemple permanente los marcos importantes de todo programa de estas características, tal como lo señala Javier Encinas (en “Experiencia Británica en el desarrollo de infraestructura y lecciones útiles para Argentina. Una Visión Holística: de la Planeación y Priorización a la Ejecución y Monitoreo”): Marco Institucional (estructura institucional, capacidad técnica -interna y asesores externos- del sector público), Político-regulatorio (apoyo político, políticas públicas, programa de inversión en infraestructura); Industrial (existencia de potenciales socios del sector privado -local e internacional- y capacidad del mercado financiero) y Operacional (guías de procesos y metodologías prácticas, contratos y documentación de proyectos estándares).

Además, el Consejo debería tener por función fortalecer, expandir y afinar la coordinación entre agencias especializadas, involucradas en el desarrollo de infraestructura y pensar en acuerdos políticos para desarrollo de los Programas y Proyectos claves. En este sentido tendría que desarrollar un sistema flexible, entendiendo que el ciclo de vida de la infraestructura se enmarca en un sistema conformado por instituciones, políticas públicas, procesos, procedimientos, programas, proyectos y personas. Este sistema tendría que evolucionar y adaptarse a las necesidades y características de la provincia.

Sería el Consejo el que se encargue de formar y retener cuadros técnicos (que no cambien con los ciclos políticos) a cargo de definir la visión y las necesidades de largo plazo y las políticas públicas del modo más técnico posible (obviando las políticas partidarias), y de desarrollar los programas de inversión, así como constituir, aprobar, gestionar y evaluar proyectos; además de medir, mejorar y transformar el sistema cuando amerite.

Asimismo, el Consejo descentralizaría los procesos de estructuración, licitación y monitoreo para dar la responsabilidad y autoridad necesaria a los dueños de los proyectos, y centralizaría los procesos de evaluación y aprobación para asegurar una calidad homogénea en todos los sectores, proyectos y niveles de gobierno.
Como una de las misiones del Consejo sería la de formalizar las mejores prácticas, habría de considerar expandir los alcances de los Contratos de Participación Público Privada (PPP) a nuevos sectores: infraestructura social, ambiental, trasporte urbano, etc. dado que los PPP son herramientas flexibles que se pueden adaptar a las características de cualquier sector de la economía.

Entre Ríos necesita desarrollar instrumentos financieros y fortalecer sus capacidades regulatorias para expandir la participación privada en infraestructura. Exportar el rigor, incentivos y lecciones del mundo PPP al universo de la infraestructura será una de las potencialidades de la provincia. Los PPP no son ni una panacea ni “la madre de todos los vicios”; son un laboratorio que permite experimentar con nuevos contratos, indicadores y mecanismos de pago que pueden ser después utilizados en la obra pública tradicional. La utilización de esta herramienta permite a Entre Ríos adoptar un enfoque programático en la licitación y ejecución de infraestructura para estandarizar diseños, minimizar costos de transacción, crear bases de datos y alinear las necesidades del sector público con capacidad del sector privado.

En síntesis, el Consejo habría de alinear la planeación con la ejecución. Entendiendo que planeación sin ejecución representa una mala teoría y ejecución sin planeación representa una mala práctica.

Un aspecto fundamental es la comunicación de los procesos que se lleven a cabo: “Hacer saber es tan importante como saber hacer” . El Consejo tendría obligación, entonces, de estructurar un plan comunicacional que notifique y participe a la sociedad, en tiempo y forma, de lo proyectado y lo actuado.

Conclusión

Llegó la hora de dar esta discusión y salirnos de las acciones espasmódicas para pensar una estructura sólida que sostenga a la provincia, basada en la competitividad y en los que considero son dos aspectos centrales de la misma: la educación y la infraestructura; que, aunque nos lleve tiempo, nos signifique establecer rumbos claros y consensuados. Si queremos ser una provincia adulta, tenemos que gestar un Plan que exceda a la política, que sea más bien un pacto social.

Seguramente en el camino nos vamos a equivocar, pero debemos evolucionar.

Estoy seguro de que la clave estará en la calidad del compromiso que asumamos en la concreción de metas que tengan un carácter estratégico para nuestra provincia.

A medida que la población entrerriana aprenda, evolucione y crezca, las demandas por una infraestructura adecuada y equitativa, aumentarán. Pero aún hay más que eso: Entre Ríos no sólo deberá invertir para incrementar el stock de servicios básicos, sino que también tendrá que poder responder y atender a los requerimientos sociales brindando soluciones innovadoras focalizadas en la calidad de los servicios y el respeto por el ambiente. No es menor mencionar, además, que la estrategia de Infraestructura habrá de afianzarse también en el compromiso de reducir la pobreza y la desigualdad.

El desarrollo de la educación y de la infraestructura determinará la competitividad entrerriana, que será el motor del crecimiento, debido al efecto que tiene de atraer y retener inversiones, los empleos que genera y la mejor calidad de vida que brinda, entre otros. Si la infraestructura es insuficiente o de baja calidad el crecimiento y el desarrollo serán severamente afectados. Es por esto que no puedo escindir la competitividad de la evolución económica de la provincia.

Se hace imprescindible también, que los Gobernantes seamos personas preparadas para trabajar en el contexto de una realidad constantemente cambiante en la que, además, conviven -y convivirán- generaciones diametralmente distintas unas de otras, no solo en cuanto a sus inquietudes y necesidades sino en casi todos los aspectos, incluso hasta los morales y éticos.

¿Cómo no plantear, entonces, una postura rupturista en lo político si los propios ciudadanos lo están siendo respecto de las instituciones y las estructuras que se pensaban inamovibles? Los desafíos para los nuevos dirigentes entrerrianos son tener la capacidad de gestionar osada y determinadamente (para lograr los fines) y a la vez con flexibilidad (para adaptarnos). Además, poseer la apertura suficiente para escuchar posturas que pudieran ser disímiles entre sí y poder contenerlas en un plan de Gobierno lo debidamente estable que permita alcanzar los objetivos y lo suficientemente móvil -“vivo”- para entender que muchas variables podrían tener “fecha de vencimiento”.

Es hora de poner “manos a la obra”.

Publicado en “Reflexiones Políticas VIII”. Diciembre de 2018

2019-07-24T11:25:55+00:00 01/12/2018|Categories: 2018, Opinión|