Opinión

De la estabilización al desarrollo. Por Miguel Braun

Nuestra meta es el desarrollo: queremos una economía dinámica y moderna, que incluye a todos y que se integra al mundo, y estamos convencidos de que eso es posible. En los tres primeros años de gestión avanzamos mucho. En el camino, en 2018 recibimos shocks muy fuertes, pero respondimos con un plan de estabilización serio y sólido que nos permitirá retomar el camino del desarrollo: al cerrarse 2019, la Argentina estará en mejores condiciones para crecer, con una economía más sólida y con cambios fundamentales en muchas áreas.

El primer punto es tener claro nuestro norte: queremos una economía dinámica y moderna, que cree oportunidades en todo el país, que genere empleo, reduzca la pobreza y mejore las condiciones de vida de los argentinos de manera sostenida. Ese es el objetivo principal, que se resume en la aspiración de una Argentina con pobreza cero. En segundo lugar, es fundamental tener claro que eso es posible. La Argentina tiene el potencial para competir exitosamente y para ser un país desarrollado; por sus recursos naturales y por el talento de su gente. Somos uno de los principales productores de alimentos del mundo; tenemos oportunidades en energías tradicionales, no convencionales y renovables y mucho más. Tenemos una población de gran capacidad y diversidad. Tenemos grandes capacidades industriales: por ejemplo, la planta de Toyota de Zárate es de las más productivas del mundo; en Rafaela se hacen válvulas que terminan en motores Ferrari y en San Miguel cables de acero para los ascensores del edificio Empire State. Somos uno de solo tres países latinoamericanos con grado de desarrollo humano muy elevado según el IDH de Naciones Unidas; cinco argentinos fueron galardonados con premios Nobel y somos cuna de grandes escritores y artistas.

Si no logramos desarrollarnos a pesar de todas esas condiciones es porque nos faltaron los consensos básicos para crecer de manera sostenida. En vez de políticas de largo plazo tuvimos inestabilidad, en vez de crecimiento tuvimos estancamiento. Eso es lo que nos proponemos cambiar ahora los argentinos. Después de décadas de vivir en democracia y de un contacto más cercano con experiencias internacionales; después de ver prosperar a la mayoría de nuestros vecinos, hay hoy en la Argentina una generación con un profundo deseo de cambio; y el gobierno de Mauricio Macri es el vehículo político de esta nueva generación.

Lo que empezó el 10 de diciembre de 2015 es ese proyecto que busca cambiar a la Argentina. Estamos sentando las bases para un crecimiento sostenido que nos permita generar más empleo y mejor calidad de vida en todo el país. Para eso necesitamos mejorar la productividad de la economía a través de la inversión y del talento y la creatividad de nuestra gente. Eso requiere, a su vez, de instituciones sólidas en lo social, lo institucional y lo estrictamente económico.

En lo social, seguimos apoyando a los más vulnerables para que puedan ser parte de la Argentina que viene; pero ahora lo hacemos de manera directa, sin intermediación política. Además, estamos generando infraestructura social (cloacas, agua, vivienda, hábitat, transporte) como nunca antes, y tenemos que seguir luchando por mejorar la calidad de la educación. En lo institucional, estamos fortaleciendo el estado de derecho y los derechos individuales, aumentando la eficiencia del gobierno y combatiendo la corrupción. En esa línea se dan los avances en la digitalización del Estado, la aprobación de leyes como las de Acceso a la Información Pública, de Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas y del Arrepentido para los Casos de Corrupción, y la recuperación de la credibilidad de las estadísticas públicas. Así, desde 2015 la Argentina ha escalado 21 posiciones en el índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional.

También comenzamos a sentar las bases estrictamente económicas: normalización macro, mejora de la competitividad sistémica de la economía y mejora de la inserción internacional. Empezamos con una normalización del sector externo, el fin del cepo, la unificación cambiaria y la salida del default. También encaramos un plan gradual para reducir el déficit, los impuestos y la inflación. Más allá de sus logros, que los tuvo, y de nuestros errores, que los cometimos, el programa inicial se chocó con shocks exógenos muy complejos: la sequía más severa en 50 años; una drástica caída en los flujos de capitales hacia los mercados emergentes; y a cuestiones que agregaron incertidumbre política (el caso de los cuadernos, la elección de Brasil y las tensiones comerciales entre EE.UU. y China.)

A diferencia de otros momentos históricos, no reaccionamos con atajos o cambios de reglas sino con un plan consistente. Decidimos avanzar más rápido hacia el equilibrio fiscal, previendo equilibrio primario en 2019 y superávit primario de 1% para 2020. (Pero la búsqueda del equilibrio fiscal no empezó hoy: venimos cumpliendo todas nuestras metas fiscales y llevamos 15 meses consecutivos con los ingresos creciendo por encima del gasto primario). En segundo lugar, el BCRA lanzó una nueva política monetaria con dos patas fundamentales: un esquema de crecimiento de la base monetaria de 0% y un sistema de bandas cambiarias para mantener un tipo de cambio estable y competitivo. A partir de 2018 se eliminó el financiamiento monetario al Tesoro y ahora el Banco Central se encuentra fortalecido para luchar contra la inflación. Finalmente, este plan se lleva adelante en el marco del acuerdo con el FMI, que nos permite asegurar una fuente de financiamiento barato para los próximos años y así reducir la incertidumbre y evitar un esfuerzo fiscal mayor.

Las medidas tomadas son una respuesta sólida a la situación y estamos avanzando en el camino de la estabilización. El BCRA cumple con la meta monetaria; el tipo de cambio se mueve dentro de la banda (y más cerca del piso que del techo de la zona de no intervención) y se comenzó a recuperar la confianza de los mercados. Al cerrarse este período de turbulencia encontraremos un contexto más proclive para el desarrollo: una macro más sana en lo fiscal y monetario; un tipo de cambio más consistente con el crecimiento de largo plazo; y una economía con mejor competitividad.

Efectivamente, desde el primer día también nos propusimos atacar las diferentes variables que afectan a la competitividad sistémica. La Argentina cuenta con tres nuevas leyes que siguen estándares de la OCDE en temas como defensa de la competencia (para generar mercados más eficientes y equitativos); de mercados de capitales (para fomentar el ahorro y canalizarlo hacia la inversión); y de simplificación y desburocratización, para simplificar y reducirle costos innecesarios a los emprendedores. Al mismo tiempo, estamos avanzando en un plan integral de infraestructura para reducir los costos logísticos y reducir las inequidades regionales.

Finalmente, hemos implementado una estrategia para mejorar nuestras relaciones exteriores y conseguir una mejor integración a la economía mundial. Estamos facilitando el comercio, abriendo nuevos mercados para nuestros productos y negociando acuerdos comerciales. Firmamos acuerdos bilaterales con Chile y Colombia, modernizamos algunos aspectos del MERCSOSUR y avanzamos en las negociaciones entre el MERCOSUR y la Unión Europea, la EFTA, Canadá y Corea del Sur. En 2017 Buenos Aires fue sede de la Conferencia Ministerial de la OMC y en 2018 la Argentina presidió el G20: luego de años de aislamiento, la Argentina está lista para jugar un papel en las soluciones de los desafíos globales, desde el comercio internacional a la energía, el cambio climático y demás.

La Argentina tiene el potencial para ser una nación totalmente desarrollada, con cohesión social y regional, plenamente integrada al mundo; un país donde reine la democracia y el pluralismo. Desde el primer día trabajamos con ese objetivo, que se hizo más arduo con los shocks recibidos en 2018. La respuesta sólida del gobierno demuestra que estamos convencidos del rumbo; y el acompañamiento de la sociedad en un contexto económico difícil da cuenta del verdadero deseo de cambio de la sociedad argentina. Cuando cesen las turbulencias veremos fundamentos macro mucho más fuertes; una economía más competitiva; un país con instituciones más fuertes; y el mismo deseo y convicción de crear mejores oportunidades para nuestros ciudadanos y una Argentina más fuerte y preparada para tener un papel activo y positivo en la comunidad internacional.

Publicado en “Reflexiones Políticas VIII”. Diciembre de 2018

2019-07-12T12:40:15+00:00 01/12/2018|Categories: 2018, Opinión|