Opinión

Desafíos de las coaliciones políticas. Por Ezequiel Fernandez Langan

La coalición Cambiemos está atravesando de forma exitosa su cuarto año de gobierno. La ausencia de experiencias similares enfrentó a sus miembros al desafío de establecer un gobierno a partir de una coalición formada en un régimen presidencialista. Estos últimos tres años nos mostraron que la clave está en encontrar el equilibrio entre la formación de consensos y el sostenimiento de la eficacia institucional y de gestión.

La creciente fragmentación de las preferencias electorales, fruto del incremento de las opciones locales y el debilitamiento de los partidos nacionales por la organización electoral propia de cada provincia, significó un cambio en el sistema de partidos y en las prácticas de negociación.

En este escenario, la política electoral en Argentina, en sintonía con la que ocurre en la región , se inclinó hacia los acuerdos de coalición. La fragmentación de las opciones electorales invita a los partidos a formar coaliciones para volverse más competitivos. Así lo muestra el análisis Cuadernos Electorales 2017 realizado por CIPPEC, la Dirección Nacional Electoral y la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA para las elecciones legislativas de 2017.

Es importante pensar el funcionamiento de las coaliciones en un régimen presidencialista como el nuestro en el que el presidente puede seguir gobernando, aunque se rompa la coalición de gobierno, a diferencia de lo que pasa en un sistema parlamentario en el que, al romperse la coalición, cae el gobierno. A su vez, es importante considerar que en Argentina el presidente cuenta con la capacidad de emitir decretos de necesidad y urgencia y de vetar leyes que luego requieren del voto de más del 50% de la cámara para una insistencia.

Dicho esto, corresponde aclarar que las características de las dinámicas de coalición dependen de la historia de cada país y organización democrática. Como sostiene Luebbert, “los diferentes incentivos son, en última instancia, el resultado de diferentes experiencias en la transición a la democracia y de diferentes patrones de organización de los distintos grupos de interés. ” (la traducción me pertenece)

Considerando a las coaliciones como un conjunto de partidos que hacen un acuerdo y deciden utilizar sus recursos para sostenerlo ya sea en el ejercicio del gobierno, en el Congreso, en la competencia electoral o en las relaciones intergubernamentales tanto a nivel provincial como nacional, una coalición requiere, en cualquiera de sus variantes, una estructuración para su funcionamiento.

El exitoso desenvolvimiento de una coalición depende de que exista de mínima una identidad homogénea que impida su fractura. En este sentido, es relevante precisar consensos básicos y prioridades, la aceptación de un poder ordenador y, también, el reconocimiento de las virtudes políticas que cada partido pueda aportar a la coalición.

Seguramente no sea posible descubrir un único mecanismo que no falle y equilibre la mezcla de multipartidismo y presidencialismo estableciendo un método inequívoco para lograr el consenso. Sin embargo, sí podemos trabajar sobre el desarrollo de diversas herramientas que nos faciliten los acuerdos y mantengan, a la vez, el dinamismo y eficacia que la gestión requiere.

En ese sentido, creo que es útil considerar la experiencia de los gobiernos de coalición en sistemas parlamentarios europeos, que han demostrado, estabilidad y legitimidad, más allá de las dificultades que pudieran enfrentar.

Respectivamente, vale mencionar que todo acuerdo funciona en la medida que existen reglas claras y razonablemente aceptadas y consensuadas por quienes las deben respetar. El convenio de coalición alemán que, transcurridas las elecciones, se firma cuando se logra formar una coalición, es un modelo a tener en cuenta. Previo a su firma por los partidos miembros de la coalición se acuerda el rumbo que tomará el gobierno en diferentes áreas. Esta práctica permite que una vez que se llegue al acuerdo el gobierno pueda tener cierta previsibilidad y, a la vez, dinamismo en la gestión sobre lo acordado.

Por otra parte, es importante que existan mecanismos que incentiven el cumplimiento de estos acuerdos y, también, contribuyan a que perduren. Romper con los compromisos implica en la tradición de coaliciones parlamentarias que puede quebrarse la coalición en sí misma y, como consecuencia, caiga el gobierno. Es por esto que es necesario implementar instancias de resolución de conflictos que favorezcan la cooperación entre los partidos y le brinden estabilidad al gobierno. Sobre este aspecto, corresponde mencionar que pueden existir distintas instancias y tipos de soluciones y que muchas de ellas se van construyendo a través de la tradición y experiencias pasadas.

De acuerdo a un trabajo de Verseci, en Italia, por ejemplo, las coaliciones primero tienden a internalizar el conflicto antes de pasar a instancias externas. Esto último generalmente sucede cuando el conflicto se vuelve radical y amenaza la supervivencia del gabinete. En general, fueron los líderes de los partidos quienes manejaron los problemas y los comités de coalición fueron el espacio donde desarrollaron los pasos cruciales para la solución. La coalición, en cambio, se encargó de ratificar la solución adoptada.

A su vez, para que una coalición se sostenga es necesario que sus partes sean involucradas de una u otra forma tanto como responsables de los logros de gobierno obtenidos como de los fracasos. Para ello es importante distribuir la capacidad de decisión y la asignación de responsabilidades entre los líderes de la coalición. Identificar qué es lo que cada partido aporta a la coalición es tan central como contar con una instancia de evaluación y ajuste como instancia de coordinación.
La comunicación, por otra parte, es otro aspecto importante a considerar. Los hábitos de una amplia y efectiva comunicación refuerzan la integración, creando una identidad y conectando a distintos sectores y regiones. La coalición requiere de un constante ejercicio de conciliar la pluralidad y, a la vez, sostener los objetivos y visiones propios de cada partido. Es una tarea que exige mantener tanto el compromiso con la coalición como el discurso de cada partido que la integra.
Al respecto Lanny W. Martin y Georg Vanberg sostienen que en una democracia parlamentaria una de las principales formas en que los partidos intentan presentar su caso a los electores es a través de su comportamiento en el debate legislativo. El debate brinda una oportunidad única para que los partidos miembros de la coalición declaren sus posiciones respeto de la política que está implementando el gobierno.

Las diferencias institucionales entre el parlamentarismo y el presidencialismo le dan diferentes características y dinámicas distintas a las coaliciones que se desarrollan en cada sistema político. Sin embargo, considero que los aspectos mencionados son relevantes tanto para una coalición que se desarrolla en uno u otro régimen.

En este sentido, el Balance Legislativo 2018 realizado por la fundación Directorio Legislativo así lo refleja al considerar que “más allá del número de sesiones o de leyes, el 2018 será recordado como el año en el que el debate legislativo volvió a atravesar y movilizar a toda la sociedad argentina.” En este sentido, el Congreso fue protagonista de debates profundos del que participaron una variedad de voces y expertos.

Las discusiones en torno a la ley de despenalización del aborto, ley semillas y ley corta de telecomunicaciones son un reflejo de que más allá del número de leyes aprobadas se escucharon diversas opiniones y se trabajó en pos de alcanzar consensos.

La búsqueda de acuerdos, y el rechazo de los medios violentos, para resolver enfrentamiento de opiniones que surgen en la vida democrática constituye la única alternativa para una democracia pluralista.

Si bien es cierto que aún para muchos consensuar o lograr un acuerdo puede significar fragilidad, en vez de fortaleza, Cambiemos está demostrando que es a través del respeto y el reconocimiento de ideas distintas que es posible construir un camino conjunto para nuestro país. El trabajo diario de negociación y de generar compromisos entre los miembros de una coalición es un ejercicio que fortalece nuestra democracia.

Hoy estamos atravesando un cambio en la manera en la que hacemos política en Argentina.

Estamos dándole valor al debate y a los consensos, entendiendo que la acción política se hace realidad en el diálogo que reconoce el pluralismo. Estamos entendiendo que sólo a través de la escucha, la mirada al largo plazo y el reconocimiento de las opiniones divergentes es que podemos darle legitimidad a nuestras instituciones y estabilidad a nuestra democracia.

Publicado en “Reflexiones Políticas VIII”. Diciembre de 2018

2019-07-12T12:12:35+00:00 01/12/2018|Categories: 2018, Opinión|